sábado, 9 de abril de 2011

El descubrimiento o Una amarga bofetada

   Te fuiste por querer saberlo todo. ¿Quién entiende lo que pide esa obstinada agitación en el pecho? Esa ambiciosa incomodidad… ¿cuánto de ti ha deshecho? Todavía sueñas que corres desnuda por la llanura, que es incansable tu trote ligero, y amaneces contraída, como escondiéndote de algún asecho. No has llorado, pero siempre te arde el pecho. Vete, intenta olvidarte de ti misma, que en la noche el sueño es indomable. Todavía sueñas que en la orilla de la playa crece un muro de piedra hasta el cielo y el mar esconde el agua a lo lejos para volver inmenso a caer sobre ti. Lo único que te calma es pensar en sus manos, blancas caricias de seda, pensar en sus ojos, alivios azules de amarga inocencia. ¿Hace cuanto no te fundes en sus brazos y sientes como vuelves a crecer en su vientre? No llores ahora que ya partiste, que omitiste la despedida por arrogancias del impulso. Camina mujer que ya no te toca ser niña. Levanta la cara. ¿Cuánto más sabes ahora? ¿Cuánto más te arde el pecho?
   Recogiste cobardemente los pedazos de un espejo roto. Te miraste a los ojos, te miraste la boca y el desliz del recelo ahogado en tu garganta. ¿En qué pensaste? Ese escote perspicaz se te revela. ¿Por qué el reflejo se te hace tan discordante, tan ajeno? Es tan pesada la duda que te clava en la profundidad, como el ancla clava a un barco a la deriva. Había una canción de un barco, ¿como decía? Su voz de trueno es eterna en tu memoria. ¿Cómo decía la canción del barquito? “… de Cuba para la guerra, de Cuba para la guerra iba un barco navegando, iba un barco navegando y al tiempo de alzar la vela, y al tiempo del alzar la vela cayó un marinero al agua, cayó un marinero al agua... Tiempos bonitos, mi amor.” Esa canción siempre te hizo llorar y también el recuerdo de aquellas manos fuertes de tierra que le entregaban melodías a la nostalgia, te encantaba su voz dándole un tributo a la melancolía. ¿Hace cuanto no te sientas sobre su falda y te haces pequeñita bajo la sombra de su pelo de noche? Hay una culpa sospechosa merodeándote la almohada, han pasado varias semanas en las que dormir es incomodo. Te rascas la cabeza para ver si deja de pensar y suspiras hondo buscándote algún hueco en el pecho por donde escurrir los sentimientos. ¿Qué te atormenta?
  Reconoces tu desespero cuando te estudias el parpadeo incesante en el espejo… ¿a cuántos juzgaste sin saber? ¿A cuántos torturaste con tu critica penetrante? ¿A quién señalaste con tu dedo idealista y lo condenaste a tu ausencia por caprichos de tu ingenuidad? Te olvidaste de los secretos, de los sollozos escondidos detrás de tu existencia. Tu, tu, tu, tú. Ahora llora… ahora entiendes que no se puede saberlo todo.    

1 comentario:

  1. Ahhh...siempre hay y habrá un espacio en mi falda para acurrucarte, abrazarte como niña o como mujer.
    te amo siempre, infinitamente.

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